Nueva novela de Javier Reverte
“Viajar no es cuestión de edad sino de espíritu”
Del Amazonas, al Yukon. De la desolación, a la luz. Esta es la transición de Javier Reverte, un autor con vida de viajes y letras que vuelve a las librerías con “El río de la luz“, una novela de viajes que recoge sus aventuras por Alaska y Canadá siguiendo los pasos de Jack London.
Abrir uno de sus libros es dejarse llevar por las sendas que recorre. Vivir sus aventuras. Descubrir la Historia. Cinco años después de haber publicado su último libro de viajes y de haber padecido malaria, el escritor Javier Reverte vuelve a la literatura lleno de vida, de ilusión y de historias de viaje. Todo esto es lo que recoge su nuevo cuaderno de bitácora, El río de la luz. Un viaje por Alaska y Canadá. Lea la entrevista
Vuelve a los libros de viajes después de cinco años, ¿para usted el viaje es a la literatura como la pasión al amor?
(Risas). Es una parte de mí, de mi literatura. Hago novelas, escribo poesía… Los libros de viajes me empezaron a salir sin pretenderlo y luego me ha gustado mucho el género porque se adapta a mi manera de ser. Me gusta viajar, he sido periodista muchos años y esto tiene mucho de crónica periodística. Este tipo de literatura es una parte sustancial en mi vida lo que pasa es que yo me considero más novelista, por eso hay mucha técnica de novelista en mis libros de viajes.
Ha viajado 750 kilómetros por el río Yukon y además, a los 61. ¿No hay edad para viajar?
Cumplí 62 allí y me hicieron una fiesta de cumpleaños. No hay edad para viajar porque me he encontrado gente con 70 y pico años, paralíticos, mujeres viudas… viajando. Viajar es una actividad eterna. Uno puede morir en el camino andando con las botas puestas. Viajar no es una cuestión del físico sino del espíritu.
Así que todos sus viajes han sido como sueños cumplidos…
En cierta manera sí, y además con un origen literario. De la zona de Canadá y Alaska me atraían todos los libros que había leído de pequeño. Sobre todo las aventuras que contaba Jack London. Tenía esos paisajes de Canadá y Alaska descritos por London en la cabeza y tenía la intención de ir algún día. ¿Por qué cumplir años te va a impedir volver a ser el niño que un día fuiste? De hecho, viajando vuelves a serlo en cierta manera y es muy reconfortante. Yo siempre me pregunto si estaré a la altura del niño que fui.
¿Y cuál es la respuesta?
Creo que estoy a la altura del niño que siempre quise ser.
Ha seguido los pasos de Jack London. ¿Qué se siente cuando se pisa la misma tierra que se ha recorrido a través de la literatura?
Una honda emoción. Es algo tremendamente emotivo. Como ir a la meca para un musulmán. Para mí pisar los territorios de la literatura es una suerte mística. El día que cumplí 62 años estábamos acampados en la isla que se ve en la portada y justo enfrente estaba la isla en la que Jack London se quedó un invierno bloqueado por las nieves y los hielos. Para mí era algo místico pensar que ese hombre había estado mirando esos paisajes, las montañas que yo estaba mirando… El cielo es parecido al que miraba él, el río tiene el mismo color… Saber que estaba en el mismo lugar, con huellas de pisadas de lobos en el suelo, era muy emocionante, me hacía palpitar.
¿Es consciente de que la gente hace lo mismo con sus libros?
Sí, sé que hay gente que viaja con mis libros y eso me enorgullece mucho. En mi biblioteca tengo una serie de libros a los que llamo mis amigos de los anaqueles. Son libros de autores que me llegan. Y al tocarme mucho el alma, son amigos míos. Ahora me siento muy orgulloso de formar parte del grupo de amigos de otras personas.
Llamó al Amazonas “El río de la desolación”, y ahora llama al Yukon “El río de la luz”.
La desolación fue porque contraje malaria y casi me muero. A parte de eso, el Amazonas, que en los documentales parece muy bonito, está en realidad lleno de miseria, de gente pobre en condiciones muy miserables, con lo cual es un escenario bastante depresivo. Eso, unido a lo que me pasó, me llevó a titularlo El río de la desolación, hoy no lo llamaría así, le pondría El río de la desmesura, pero me pesó tanto en el alma… Luego fui al Yukon y me encontré con ese río lleno de luz, de fuerza, de naturaleza libre, de aire puro… Fue como un chute de vida. Me dio mucha vitalidad por eso le llamé así. Es un libro muy diferente al otro. Es optimista, lleno de vitalidad.
¿Encontró oro en su viaje?
No, (risas) encontré el oro del libro. Encontré el oro que buscaba: un grandísimo viaje y navegar un río.
¿Qué es lo que queda de la fiebre del oro?
Queda el oro, que lo siguen sacando de una manera industrial y queda ese espíritu pionero que llevaban aquellas personas. Aún están allí los hijos de los hijos de aquellas personas y como vivir allí es muy duro, tienen esa especie de orgullo pionero de decir: yo sigo aquí y aquí resisto.
Dentro del viaje también habrá habido sorpresas…
En este viaje me han sorprendido muchas cosas. Además, un viaje si no tiene sorpresas y algo de imprevisto no merece la pena. Lo divertido es lo imprevisto. Pasa lo mismo con la literatura, lo divertido es lo que no tienes pensado escribir. Es como el amor.
Ahora que habla de amor, alguna vez ha comparado a las ciudades con las mujeres…
Vale para hombre y mujer. ¿Por qué te gusta una ciudad y otra no? Es algo parecido a por qué te gusta una mujer o un hombre. Igual hay una mujer que a la mayoría no le gusta pero a ti te gusta su sonrisa, su tono de piel, como huele… y en cambio puede haber un hombre que le encante a todo el mundo y a ti no te diga nada. Es terriblemente subjetivo. Con las ciudades pasa igual. Cuando le hecho dos vistazos o las huelo ya sé si me gustan o no. En este tipo de cosas: en los viajes, en la literatura, en el amor, somos absolutamente subjetivos y a mí me gusta dejarme llevar por la subjetividad.
Viaja para escribir literatura pero, ¿”devora” literatura mientras viaja?
Sí, suelo comprar muchos libros durante el viaje. Desde pequeños libretos de las comunidades hasta cualquier libro sobre la historia de una región, cosas que ni siquiera te venden en internet. Los voy leyendo y, si me interesan, los mando a casa por correo. Eso es barato y así no cargas con los libros durante todo el viaje. Lo que sí suelo llevar conmigo es poesía. Me gusta leer poesía y cuanto más complicada, mejor, así tengo más tiempo para pensar.
¿A qué lugar no viajaría nunca?
Algunos a los que he ido no me han gustado. Por ejemplo, no volvería a Viena. Pero bueno, no me atrae nada Asia. He estado en Japón, en China, pero no me llama esa cultura porque me comunico mal. La mentalidad asiática y la europea no encajan demasiado, al menos en mi caso. Y yo, si no me comunico bien, no puedo… Me entiendo en África o en Latinoamérica, en Norteamérica también encajo bien. Si no encajo con la gente, no tiene sentido.
Para terminar le propongo un juego. Piense en una ciudad a la que le gustaría viajar o volver e imagine que pudiese viajar en el tiempo, pasado, presente o futuro. ¿Qué ciudad y qué tiempo escoge?
El siglo XIX en el oeste americano.
¿Por los duelos?
Más que por los duelos por los grandes horizontes y un mundo por descubrir. Aunque también podría ser otro destino. De hecho, voy a decir otro.
Diga, diga.
Perú, durante la época de la conquista.
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